18 diciembre 2009

CLASES



















Había pasado un año desde que gané el premio Planeta Nostrum de literatura, dotado por cierto con una cantidad escandalosa de pasta, a lo que añadiría los daños colaterales en forma de conferencias, presentaciones, debates y otros etcéteras que me tuvieron de gira por medio mundo, podrido de hastío y de dinero y ¡ostras! estaba hasta el bull de resultar divino en todos los saraos, a mi edad era muy cansado, así que con la misma determinación que me llevó a conseguir el galardón, se lo planteé a mi agente:

Chaval, dame dos años sabáticos para encontrar al escritor maldito que te aseguro hay dentro de este traje, o me has visto -le dije, mientras de mi boca salía el ultimátum mezclado con el humo del habano.

Miguelo, mi agente literario y compañero de pupitre en los Jesuítas, recibió el mazazo de mala manera, incapaz de articular palabra y flojeando como un pelele; era de esperar, se trataba de un histérico de manual, así que con mi cachaza habitual me entretuve en observar cómo abría y cerraba la bocota, en su tez mutante, en sus pulcras manitas de contable y, cómo no, en su convencimiento de que era el principio del fin; mi última extravagancia lo había puesto al borde de la apoplejía, pero a estas alturas del negocio me la traía al pairo, así que hecho un verraco le apremié: ¿Y bien?¿es que no piensas decir nada?

Claro, claro que voy a decirte algo –respondió el agente con voz de vieja-, Vicente, Vicente, tú, tú estas loco, tú nunca has sido normal, entérate de que esto no funciona así, no puedes bajarte de la bici en marcha, te vas a romper los morros, o mejor te los voy a partir yo, y amagó un puñetazo que sólo sirvió para remover el ambiente que ya andaba cargadito.

Me lo puso fácil, así que le grité, ¡Jódete!, antes de acabar nuestra relación de siglos con un sonoro portazo.

Y ahora estoy aquí feliz, en este estrado imaginario, impartiendo clases de literatura a la búsqueda del tiempo perdido, con un paisaje humano interesantísimo, sobre todo el de Vanessa, Vanessa Rodríguez, mi Vanity, joven, vital, secretamente horadada por varios piercings, y lo que es mas estimulante, colgada de su tutor. Mi redención. Mi Blanca Dama de acero quirúrgico, frío, duro, eficaz.

Victoria Gil Arregui

2 comentarios:

  1. Me gusta el tono del relato, com ese aire divertido que le dan los pensamientos de un escritor de vuelta de todo. Y me encanta como describes al agente literario, lo de las pulcras manitas de ocntable y su tez de mutante me gusta. Queremos leer mas!!

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  2. Ja, ja, ja... Me gusta mucho el tono irónico de todo el relato (abría y cerraba la bocota...), el lenguaje provocador (estaba hasta el bull...), las descripciones hirientes (histérico de manual, manitas de contable...)y ese mi Vanity... Me parece genial.

    El tono del relato es como el protagonista, provocador, irónico, y me encanta cómo lo consigues con las palabras.

    Igual echo en falta que pase algo más gordo en el relato, como si me faltara algo, que pasara algo fuerte.

    Muy chulo. Muchas gracias.

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