26 enero 2010

Eso...




















Llevo ya tres días mirando por la ventana y nada ha cambiado: siguen quietos en el mismo lugar al que llegaron, no se han movido ni un pelo.
Si hubo alguna señal que permitiera prever su inminente venida pasó absolutamente inadvertida, así que cuando el martes hacia las tres de la tarde se empezaron a oír por las calles rumores sobre su llegada nadie los creyó. Y sin embargo a las cinco exactamente, apenas dos horas después, todos colgaban ya de los árboles. No prestaban atención a las asombradas personas que desde las aceras asistían atónitas al espectáculo. Simplemente llegaron, subieron a los árboles y empezaron a hacer esa extraña danza; frota barriga, salta, canta, frota barriga, abraza árbol. Una y otra vez el espectáculo era el mismo en todos los árboles de la ciudad. !Frota, salta, canta, abraza! ¡¡Sin parar!! Y justo cuando la gente empezaba a acostumbrarse a su frota, salta, canta, abraza, todos, absolutamente todos detuvieron su actividad como un solo ser. Por un momento la ciudad entera quedó en suspenso; hasta ese punto sus danzas habían tomado el pulso a la ciudad. Y desde entonces, quietud y silencio. Seguiré mirando por la ventana un rato.

Eleder

4 comentarios:

  1. Muy lindo cuento.

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  2. Bonito cuento e inquietante.

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  3. El ritmo del relato genera expectación y a la vez desasosiego, refleja un transcurso lento de tiempo sin que pase nada (siempre quietud y silencio, igual que antes frota salta..y vuelta otra vez frota salta..). Me ha encantado

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  4. En ningún momento sabemos de qué se trata, qué son, qué hacen ahí y esa tensión que genera el relato me gusta muchísimo. Me encanta el ritmo de ese frota, salta, canta, abraza. Inquietante, misterioso, genial.

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