16 enero 2010

MÁS VUELTAS QUE UN TIOVIVO

























Ayer me levanté temprano porque era domingo y no tenía que trabajar. Preparé un ligero desayuno a base de café con sacarina y tortilla de patatas sin huevo, pero no pude probarlo porque el cartero aún no había repartido el periódico.
Yo siempre desayuno haciendo el crucigrama del periódico.
Había transcurrido algo más de media hora y el rugido de mis tripas iba en aumento, así que decidí no esperarle y salir a la calle a comprar el periódico en el primer kiosco que encontrase abierto.
En la calle estaba lloviendo, pero como no llevaba paraguas, regresé a casa para coger la bicicleta; si tardaba menos tiempo en estar de vuelta, no me mojaría tanto.
Pedaleando conseguí adelantar a una furgoneta, pero tuve que frenar en seco nada más girar a la derecha, porque los muñequitos del semáforo se habían declarado en huelga y ahora permanecían sentados en la calzada junto a una pancarta en la que podía leerse: “Salario digno y descanso semanal obligatorio también para nosotros”.
Al cabo de diez minutos de infructuosos intentos por hacerles cambiar de opinión, varios conductores avisamos a la policía. Pero como no había ningún poli disponible porque estaban disputando la final del concurso de lanzamiento de porras, nos enviaron a Dolores, la limpiadora, que era una mujer de muchos recursos. Al final Dolores acabó sumándose a la huelga.
Entonces me acordé de que en la calle Preciados está el bazar de los chinos, donde también venden periódicos, y estaría abierto seguro.
Con el periódico enrollado asomando del bolsillo del abrigo y las manos apoyadas en el manillar de mi bicicleta, tomé andando el camino de regreso a casa.
Tardé en llegar menos de doce minutos.
Al salir del ascensor, que permanecía parado en la quinta planta, observé que el cartero había dejado el periódico del día junto a la puerta de entrada a mi casa. Eso cambiaba las cosas, me había preparado un desayuno y tenía dos crucigramas. No quedaba otra solución que un segundo desayuno.
Mientras calentaba más café, y se terminaba de hacer en el fuego la otra tortilla de patatas sin huevo, me desnudé para revestirme el pijama.
Yo siempre desayuno en pijama.
Estaba dispuesto a saborear mi breakfast, como dicen los ingleses, cuando el reloj del salón dio las diez campanadas. Observé con detenimiento las dos tazas de café, una de ellas humeante, los dos platos de comida, los dos crucigramas por completar, y con resignación salí de la cocina.
Yo siempre desayuno antes de las diez.

Conchita Burillo

5 comentarios:

  1. ¿Es del mismo autor que el anterior? Tiene un estilo parecido. Imaginativo y refleja con gran acierto una ¿personalidad neurótica? Todo a su tiempo, en su momento, de lo contrario se desestabiliza. ¡Sois unos artistazos de la escritura!

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  2. No, éste es de Conchita Burillo, alumna del curso de cuento.
    Qué honor, ¿no, Conchita? Que piensen que tu relato es de Ángel Olgoso, un escritor profesional con varios libros publicados. La verdad es que no me extraña, porque a mí también me gusta mucho. Me parece un relato redondo, en todos los sentidos, porque es como un bucle. Tanto cuidado que tiene el protagonista en hacer las cosas "a su manera", para al final quedarse sin poder desayunar. Creo que está muy bien construido y que cada detalle está donde tiene que estar. Como dice Koletta, es un muy buen refejo de la personalidad neurótica. Muy original, un relato de esos que no te puedes sacar de la cabeza.

    Gorka Calzada.

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  3. Muy bueno, me he divertido mucho siguiendo las andanzas de este neurotico que busca ese orden propio sobre todas las cosas. Me parece muy original, lo de los semaforos en huelga me ha encantado, y los polis con su campeonato. Muy bueno, como dice Gorka no te lo puedes sacar de la cabeza.

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  4. Has encontrado el secreto de una vida sin sobresaltos, ser fiel a uno mismo.

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  5. ¡Genial! Buenísimooooo... He estado todo el relato deseando saber qué pasaba a continuación. La huelga de los muñecos de los semáforos da el tono al relato y de ahí en adelante, todo un genial recorrido. El final, brillante. Me ha encantado.

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