
Ante la generosa misiva del caballero ofreciendo sus más honestos y sacrificados servicios a su bien amada Dulciconchi, ésta, agradece el empeño del aguerrido hidalgo con unas discretísimas y encomiables rimas:
A mis manos ha llegado
una graciosa misiva,
y es mi deber lo primero
señor González-Guerrero
agradecerle el legado:
una sonrisa efectiva.
Movido por tan graciosas, deferentes y aladas palabras, el caballero dedica a su dama un sentido y conmovedor soneto:
Un soneto quisiera yo escribiros
envidia de poetas y troveros
y no hallo en el arcón ni en los roperos
una selecta rima que deciros.
Pluguiera al cielo en mi afán por serviros
alumbrarme en poemas verdaderos,
mas ya que no selectos, son sinceros
y acompañan de mi alma los suspiros
nacidos deste amor descomedido
que ha de sentir andante caballero,
puro, casto, eterno y encendido,
por su dama, la luz de su sendero.
Queda mi corazón de Vos prendido
sin condición, tenaz y ningún pero.
Conchita Burillo Julián y Manuel González-Guerrero
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarFelicitaciones señor Guerrero por cómo ha estado de inspirado y de certero.
ResponderEliminarLos dos habéis estado muy en el papel, me habéis transportadoa la época medieval.
ResponderEliminarMertxe
Genial, me parece un muy divertido intercambio espistolar y unos grandes poemas.
ResponderEliminar