06 febrero 2010

MANUÉ QUIYO



















Manué, quiyo, bájate ya mismo ar güerto, y disle al papa y al agüelo que se dejen denrredá y vengan pala casa, que vamo a cená –ordenó y mandó la Mariamanuela, matriarca forever del clan de los Manuelitos.
En la lumbre del chabolo, que esa noche estrenaba parabólica, la puchera bullía cantarina y olía maravillosamente a potaje con todos los sacramentos, por lo que Manué, al que ya le apretaba la gusa, salió a la carrera acatando gustoso el mandado de su abuela, porque además de cenar opíparamente, aquella noche verían buen fumbol, jugaba La Roja contra losinglese, ahí es nada.
Avanzando a trompicones y dándose un par de leches contra las bañeras y material de obra diseminados por el camino, Manué soñaba con la portería del Madrid, lo veía como un curro para gente espabilá y con buen ojo, órgano que él entrenaba a diario, su abuela ya se lo decía, Manué, quiyo, ándate con tiento que te voy de arreá.
Al verlo correr, la perra Cuca salió tras él, y tras ella los cinco cachorros de pura raza Spaniel destinados a la venta en El Rastro. Vida y energía en estado puro.
Justo en el talud, frontera natural del huerto, Manué agitó los brazos para hacerse visible y a voz en grito anunció: Papa, güelo, que la cena yastá, que dice la agüela que vayamo pala casa, que va a comenzá el partío.
Ven, shaval, baja pacá –le ordenó el papa-, tenemo alguno repoyo pa yevá a la casa, y disle a la agüela que no no eppere que vamo ar bá de Paco a vé el partío.
Pero, papa, me lo prometigte -protestó Manué- llevarme con ustedes, papa, agüelo –moqueó Manué-.
¡Qué te tengo disho, Manué! –respondió el papa-. No me haga denfadá y obedesce. Y no me yoriquee que parece una shica. Arrea con lo repoyo pala casa, hale, andando.
Y el noble Manué desanduvo el camino, triste, muy triste, arrastrando el saco con los repollos y seguido por Cuca y sus cinco cachorros, alegres, muy alegres.
Quiyo, ¿y el papa y el agüelo? –preguntó la matriarca al verlo llegar cariacontecido-. Ayayayay, que me barrunto que no vienen, que mus han dejao solito, ven pacá corasón, –le invitó la abuela abriendo los brazos, apachurrándolo amorosamente contra el regazo y cubriéndolo de besos-.
Manué, quiyo mío, hoy veremo el partío nusotro solito, y tú, la perra, lo perriyo y yo, no zamparemo lo mejó de la pushera, solo quedarán lo judione pa mañana, que se amuelen eso do. Disho y hesho, por éstas que son cruce. Amen Jesú.
Y ahora, miarma, te voy a desplicá lo que é la desobedencia civí, eso é lo que te tengo de decí, ni reppeto, ni olvío, ni perdóm, eso dó mangurriano se van a quedá sin tosino, sin choriso y sin hamón –apostilló Mariamanuela, sacándose del refajo unos billetes de curso legal-, y amás amás, ¿vé ette parné, Manué?, va a sé pa la pelota y la camiseta del Madriz, y er jueve nel mercadiyo te compraré las sapatiyas Niske. Y si eso dó te preguntan de donde has sacao too eso, les dice que de lo repoyo queran mu hermoso. Eso, quiyo Manué, é la desobedencia civí. Palabra de Mariamanuela.

Mª Victoria Gil Arregui

2 comentarios:

  1. Muy bonita historia adornada con un lenguaje que la ambienta de maravilla. Sabia enseñanza de Mariamanuela, que alecciona al Manué en las cosas importantes de la vida como solo las agüelas pueden hacer.
    Además me gusta que tiene un ritmo rápido que te va llevando hacia el final y que va pasando en un tiempo corto que te hace acompañar a Manué en sus andanzas.

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  2. Es bonita la historia y utilizar dialecto de una zona le hace distinto. Le veo una pega, quizá has abusado de la extensión en este tipo de lenguaje, pero sólo es una pobre opinión. Lo digo por si sirve de algo.
    Mertxe

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