
Llego tarde como de costumbre. En el interior no se oye nada. Abro la puerta. Todos están muertos. Ocho cuerpos tendidos en extrañas posiciones con una inexplicable paz reflejada en el rostro. Nada de sangre ni de violencia, solo ocho cadáveres en el suelo y un vaso sobre la mesa.
Tres días antes aquel extraño mensaje en el buzón: “Si buscan el camino yo puedo ayudarles. Vendré el viernes a las 17:00”. Decidimos estar allí todos.
Me acerco a la mesa. Bajo el único vaso un sobre sin cerrar. Otros sobres parecidos y algunos vasos más salpican el suelo entre los cadáveres.
Abro el sobre y leo. No es posible. Apenas cinco párrafos y una última sentencia: “Ahora, usted decide. En el vaso está el camino que busca”.
Miro en mi interior y suspiro; “El camino, por fin el camino” y bebo.
Julio
Guau, me encanta. La forma en que está escrito, con frases cortas y muchos puntos, transmite mucha tensión. Además no sólo es interesante el cómo y qué historia que se cuenta, sino también lo que no se cuenta y que podría dar lugar a largos debates: la inquietud del ser humano y su búsqueda de sentido.
ResponderEliminarMuy bueno.
Sí, me gusta mucho la tensión que se genera desde el principio, como comenta Vapor de Agua. Y esa historia que no se cuenta...
ResponderEliminarEsta historia me encanta, me encanta.
ResponderEliminarMertxe
Muy bueno, muy sugerente, con mucho mar de fondo.
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